18 feb 2011

La trampa del mal

Escoger el versículo de San Pedro 5,8 en el que se cita al diablo para comenzar “La trampa del mal” es indicativo de la secuencia lógica que puede seguir la trama, si bien siempre queda la esperanza de que sea otra la forma de abordarla. Si además la película se enmarca dentro del género de terror y conjuntamente utiliza el recurso del espacio cerrado, exitoso en “Buried” o “Saw”, resulta pertinente conceder a la idea original de M. Night Shyamalan el beneficio de la duda.
La historia reúne en un ascensor de un edificio de oficinas a cinco personajes que no se conocen. Una parada interrumpe la subida y los trabajadores de la cabina de seguridad, Ramírez (Jacob Vargas) y Lustig (Matt Craven), observan que el elevador aparece en modo inspección e intentan comunicarse con los atrapados. Mientras el mecánico va a comprobar el sistema principal del sótano comienza la sucesión de eventualidades en el interior del ascensor. Tocamientos inoportunos, luces que se apagan, gritos, símbolos sobre las imágenes emitidas por las cámaras e inexistencia de cobertura con la cabina. Cinco reacciones con sendas sospechas que llevarán a Ramírez y Lustig a ponerse en contacto con el detective Bowden (Chris Messina) en busca de soluciones.
Con su llegada se empezará a aclarar la identificación de cuatro de los cinco atrapados: un joven comercial (Geoffrey Arend) que anteriormente había realizado un timo en pirámide, una mujer joven (Bojana Novakovic) que pretendía abandonar a su marido con intereses económicos, el guardia suplente del edificio (Bokeem Woodbine) con antecedentes violentos y la aparente ladrona de carteras Jane Kowsky (Jenny O’Hara). Mientras cada uno de estos personajes va sufriendo un ataque para estar argumentalmente fuera de sospecha, el detective Bowden comprueba que alguien ha saltado desde la ventana de la planta 35 del edificio y ha dejado una carta cuyo mensaje se refiere a los pasos del diablo. La identificación del último personaje se demorará para generar esa confusión, no especialmente lograda, en el espectador. El mecánico (Logan Marshall-Green) también será un pecador como el resto de retenidos ya que contará con un homicidio a sus espaldas con implicación indirecta para el detective Bowden.
Tras 82 minutos se resuelve quién esconde la identidad satánica. Requiere sencilla intuición por ser el personaje del que menos información se ofrece, el aparentemente más vulnerable, con disimulada intervención en la trama y al que se elimina con el método visualmente más impactante. Un desenlace abierto a la esperanza y al perdón con apostilla religiosa.


¿LA PRIMERA PARTE DE UNA TRILOGÍA…
Aunque la firma de dirección ha recaído sobre John Erick Dowdle con un guión de Brian Nelson, la idea original es de M. Night Shyamalan.
“La trampa del mal” ha sido la primera incursión en la gran pantalla de la trilogía The Night Chronicles, de Shyamalan, que transpondrá lo sobrenatural a la sociedad actual.    

9 feb 2011

The Fighter

Cuando el grupo Punk irlandés “Dropkick Murphys” (DKM) publicó en 2005 The Warrior’s Code, se incluía un tema que daba nombre al álbum y, a su vez, homenajeaba la carrera del boxeador Micky Ward. Una biografía que tampoco ha pasado desapercibida para el director cinematográfico David O. Russell, responsable de consagrarla como “The fighter”.
La historia de Micky Ward (Mark Wahlberg) es aquella que da sus primeros bandazos junto al eterno hermano mayor. Dicky Eklund (Christian Bale) se convirtió en una leyenda local de Lowell (Massachusetts) cuando venció al boxeador Sugar Ray Leonard. Aunque tuvo la oportunidad de conseguir el título mundial, no lo hizo y optó por entrar en una dinámica delictiva enchufado al crack. Micky Ward se da cuenta del error de su héroe y decide entrenar duro para continuar compitiendo. Una racha de combates perdidos insiste en sepultarle como deportista pero una nueva oportunidad llega con el fajador Mangi. Cuando Micky percibe que ha sido fruto de un engaño y se expone ante un contrincante que le supera en peso, no hay marcha atrás.
Vencido física y psicológicamente Micky Ward decide romper con todo lo que formaba parte de su pasado. Conocerá a su novia Charlene Fleming (Amy Adams) y se enfrentará a su familia para seguir boxeando a su manera, sin ser víctima de unos intereses económicos que han podido matarle. El nuevo pacto que dirige su vida apuesta por un cambio de manager, desbancando a su madre Alice Ward (Melissa Leo), y un nuevo entrenador aprovechando que su hermano Dicky cumple condena en la cárcel. La frustración de la familia ante el cambio no apuntará a Micky sino que acabará culpabilizando a Charlene. El asedio del nuevo boxeador se convierte en una cuestión de primer orden cuando las victorias ante Manetti, Collins o Alfonso Sánchez se confirman. Micky optará al título y de nuevo Dicky querrá su protagonismo en el ring. La estrategia para tumbar en la lona a Neary será imprescindible para volver a poner a Lowell en el mapa.
Estética clásica sin buscar la exhibición inherente a este tipo de filmes. Ejemplos que la trayectoria del género ha llevado a la gran pantalla bajo títulos tan taquilleros como “Rocky” (1976), “Ali” (2001) o “Million dollar baby” (2004) y, sin embargo, contrastan con esta nueva producción que se atreve a introducir una variedad de temas. “The fighter” es una cana apariencia en 115 minutos portadora de un gran reparto y con un mensaje que trasciende lo deportivo.
HBO presente…
Acompañando los créditos se verán imágenes reales. No podía faltar en el argumento de “The fighter” la presencia de este canal estadounidense que ha retransmitido cuadriláteros tan memorables como el KO de Muhammad Ali, las primeras de Julio César Chávez vs Meldrick Taylor o el poderoso gancho de Mike Tyson.

2 feb 2011

127 horas

A dos días del estreno en España de la nueva propuesta del director Danny Boyle, comienzan a dispararse las alarmas con los artículos publicados en los medios. Portales como terra y páginas webs dedicadas al cine han querido dotar a la cinta de mayor expectación, si cabe, con titulares que resaltan su capacidad para provocar desmayos. Lejos de caer en la calificación fácil, resumiendo “127 horas” en una sola escena, sería justo resaltar el sello personal que Danny Boyle ha sabido imprimir en esta historia real como ya hizo con la oscarizada “Slumdog Millionaire” (2009).
Para la presentación de Aron Ralston Lee (James Franco) se necesitan escasos veinte minutos de los 94 que dura el filme. Alpinista autosuficiente e intrépido, nunca comenta a sus familiares el paraje natural que le cobijará en cada aventura emprendida. Desafiador de las guías de viajes, se dispone a coger los víveres justos para conquistar el Cañón Blue John, en Utah (Estados Unidos). Una mochila con el material básico que acompaña al escalador, música, linterna, gorra, reloj y cámara en mano que comienza a grabar la noche del viernes 25 de abril de 2003. Su encuentro con dos jóvenes desorientadas, interpretación que recae sobre las actrices Amber Tamblyn y Kate Mara, no hace sino probar el escrupuloso conocimiento del entorno y permite una caída sensacional que pone fin a un tramo de escalada horizontal.
Poco tiempo separará este encuentro, con las únicas personas que saben hacia dónde se dirige Aron, del desprendimiento que le deja atrapado en la Grieta del Gran Descenso durante 127 horas. Los intentos de empuje, de picar la roca con una navaja multiuso made in china o de valerse de su cuerda de escalada para elevarla, serán en vano. Aron no tarda en entender que su supervivencia será cuestión de dosificación, inteligencia y humor. Eso sí, la habilidad llevada al extremo con una sola mano. La muerte sobrevolará su cabeza, cada 08:17h de la mañana, con la aparición de un cuervo en un cielo desierto mientras la vida le toca en forma de sol directo durante quince escasos minutos. Sorprendentemente, irá narrando en continuas grabaciones su estado físico y emocional sin olvidarse de satirizar su condición de superhéroe.
La fantástica recreación imaginaria del programa de radio, entre risas enlatadas, llega a tiempo para conseguir aplacar la tensión ligada a estos momentos de película. El reloj marca las 11:17h y las escenas más duras están a punto de llegar. Latidos de corazón cada vez más acelerados, técnicas de supervivencia extremas y alucinaciones premonitorias, obligan a Aron a armarse de valor para tomar la decisión más drástica. Sonidos rotos que simulan dos disparos y una parte de él atrapada para siempre. Lejos de allí, otras cámaras graban multitudes. La vida continúa en su versión original.
FOTOGRAFÍA DE…
Anthony Dod Mantle y Enrique Chediak.
La vista aérea se combina con primerísimos planos que dotan de mayor realismo a la cinta.
BANDA SONORA ENVIDIABLE…
Muchas escenas reducidas a un espacio acotado hacen imprescindible una banda sonora de calidad. Compuesta por 14 piezas de diferentes artistas: 7 del propio A.R. Rahman y el resto de Free Blood, Bill Withers, Vladimir Ashkenazy, Plastic Bertrand, Esther Phillips, Sigur Ros y Dido. El tema Liberation logra que el espectador dirija la conmoción hasta el desenlace. Un shock digerido a posteriori en la butaca y nada fácil de lograr.   

Basada en el libro autobiográfico
“Between a rock and a hard place”
(trad., Entre la espada y la pared) de Aron Ralston.